domingo, 5 de octubre de 2014

Coste de producir un barril de petróleo

Como es natural, el coste de producir un barril de petróleo depende del lugar del que se saque, las condiciones geológicas, las características de ese petróleo y el procedimiento que se emplee, ya sea extracción tradicional o fracking.

Dejamos una gráfica sobre el coste de un barril. Ojo al asunto, porque esto es lo que determina por debajo de qué precio no se puede satisfacer la demanda y comienza la escasez. El precio máximo lo determina el precio que la economía puede soportar sin colapsarse.

A medida que el precio de extracción aumenta, el margen opoerativo se estrecha...



lunes, 29 de septiembre de 2014

El IPC encadena tres meses en negativo y cae el 0,2 por ciento en septiembre

El Índice de Precios al Consumo ha encadenado su tercera caída consecutiva, con lo que los precios en España vuelven a caer, confirmando el estado de deflación al que nos encaminamos en los últimos tiempos.

La menor bajada sufrida en este mes de septiembre respecto a meses anteriores se explica, según el INE, por la estabilidad en los precios de los alimentos frente al descenso que sufrieron en el mismo periodo del año anterior.

En todo caso, ni la demanda interna ni los precios medios parecen despegar.

Como punto positivo, para el dato, que no para los ciudadanos, cabe computar el incremento del precio de la electricidad, que maquilla el dato, pero no ayuda tampoco a la recuperación económica, al encarecer el precio de la energía, uno de los componentes básicos de la producción de bienes y servicios. El encarecimiento de la energía puede mejorar el IPC, pero desde luego no mejora la competitividad ni incentiva la inversión, con lo que, si se descontara este efecto, la caída de precios sería aún mayor.

Las preocupaciones por la recuperación son, por tanto, algo más que simples sospechas, toda vez que el desempleo se mantiene en niveles de más del doble de la media europea.


jueves, 25 de septiembre de 2014

El oro como material inútil

El oro tiene algunas aplicaciones industriales y en ese sentido no se puede decir que sea completamente inútil, pero en su función de depósito de riqueza se apoya más en la superstición que en cualquier otra realidad.

Decía Herbert Marcuse que uno de los más graves problemas del capitalismo es el constante empleo de recursos humanos y materiales en la realización de actividades inútiles. Pues bien: una de ellas es la minería del oro.

¿Tiene acaso sentido sacar el oro del corazón de una montaña, a tres mil metros de profundidad, para fundirlo luego y encerrarlo, también de por vida, en la caja acorazada de un banco? Desde luego, es una terrible insensatez, y si tiene sentido a nivel económico, esto demuestra que lo que carece de lógica es el sistema económico.

El oro estaría mucho mejor en el corazón de esa montaña, y los recursos empleados en sacarlo (montones de energía, maquinaria y seres humanos) serían más productivos en cualquier otra cosa, máxime cuando el oro no es ya ni siquiera patrón monetario y cualquiera puede imprimir todo el dinero que quiera sin respaldo alguno del preciado material amarillo (una de las causas de que nos vaya como nos va, por cierto). Cuando el oro servía de patrón para el intercambio, podía ser interesante su extracción para respaldar la emisión de moneda, o para acuñarlo en sí mismo, pero una vez desaparecida esa función, el oro se ha convertido en un metal más que, poco a poco, ajustará su cotización a la utilidad que se le confiera.

La inversión en oro puede ser muy rentable (o no) pero no deja de ser caprichosa, una moda, un producto cultural, basado en la tradición de su valor, no en la importancia de su uso. Algunos lo han entendido y se están saliendo de este mercado, conduciendo al precio del oro a una larga trayectoria bajista, mientras buscan algún depósito de valor que realmente represente algún tipo de utilidad en tiempos de necesidad.

¿Cual puede ser el sustituto? De momento no lo sé, pero mucho me temo que, al paso que vamos, lleguen a ser las latas de sardinas y los paquetes de lentejas.

jueves, 14 de agosto de 2014

Se puede imprimir dinero, pero no riqueza

La automatización y la tecnología no tiene nada que ver con la situación de desempleo. Es precisamente al revés, la automatización es la forma de generar más riqueza. Para empezar, no hay prácticamente límite al crecimiento de la riqueza -cantidad de bienes y servicios disponibles e intercambiables en el mercado-. Los únicos límites son los impedimentos del Estado a la hora de permitir crear empresas que generen bienes y servicios. La automatización es precisamente lo que, al permitir producir una cosa con menos gente, que el resto se dedique a producir otras de las que antes no disponíamos. Y cosas por inventar que hacen falta, hay cientos de miles. Otra cosa que muchos carezcan de la capacidad intelectual para hacerlo, la formación, etc. Eso no es culpa de quienes sí tienen esa capacidad, sino de quienes no la tienen y tienen que hacer un esfuerzo por adquirirla. Claro, con formación y un sistema jurídico y fiscal que impide crear empresas tampoco se va a ningún sitio.

Un ejemplo reciente de los cientos de miles que surgen con que te pongas a hacer bricolage: intenta nivelar una puerta de entrada principal de una vivienda. No voy a entrar en detalles pero hace falta unos anclajes que no existen ni están en el mercado, que permitan anclar el cerco de la puerta al precerco con la puerta cerrada. Actualmente no existe más forma que anclar el cerco con la puerta abierta o quitada, lo cual no permite ajustarla en poco tiempo -o lleva mucho tiempo dejarla bien o las dejan siempre desajustadas, rozando, cerrando mal, etc., que suele ser la opción de los carpinteros y chapuzas que se dedican a la cuestión-. Puedo imaginar cómo los diseñaría. Luego hay que fabricarlos y ponerlos en el mercado. Y efectivamente, si mañana creo esos anclajes, una buena parte de los carpinteros que se dedican ahora la cuestión van al desempleo. Lo primero es que se lo merecen, puesto que ha sido su dejadez a la hora de hacer su trabajo bien lo que ha generado la necesidad de inventar un anclaje que permita colocar una puerta bien a cualquier manitas. Eso sí, mi invento obligaría a mucho carpintero a dedicarse a otra cosa y proporcionar algún bien o servicio que antes no estuviese disponible o quizás, alguno tendría la suerte de, sin merecerlo, poder trabajar en la fábrica que diseñara y fabricara estos anclajes. Y es un solo ejemplo de los miles que surgen en cuanto te pones a hacer cualquier cosa.

Otra cosa es que quienes sufren de falta de creatividad piensen que es el caso de los demás o peor, que "es el Estado el que debe inventar y proporcionarlo todo". En fin, el Estado y ni mucho menos quienes lo administran pueden pensar más y mejor que la suma de todos los ciudadanos de un país dedicados a múltiples tareas en las que se pueden crear continuamente cantidad ingente de nuevos bienes y servicios. Y si no se hace es precisamente porque el Estado ha establecido un entorno jurídico y fiscal en el que la mayor parte de la actividad empresarial termina en pérdida o unos beneficios que no compensan el esfuerzo realizado -nadie asume el riesgo de montar una empresa para terminar viviendo como el bedel de un ministerio. Para eso hace una oposición y punto-. Y de ahí la falta de empleo, que nada tiene que ver con la mecanización y mucho o todo con el régimen fiscal y jurídico que han impuesto los Estados.
Los datos siguen demostrando que el modelo keynesiano de "crear riqueza" imprimiendo billetes no funciona. Y es que es absurdo. No se comprende que gente inteligente siga defendiendo semejante modelo -los que lo defienden no son inteligentes, se pongan como se pongan-. Confunde la fiebre con la enfermedad, que es como poner a la economía en una ciencia del Medievo.

La moneda no es la riqueza en sí misma, por lo que aumentar su cantidad no puede aumentar la riqueza. La moneda es una representación manejable del conjunto de bienes y servicios de los que dispone un país. Permite hacer más intercambiable todos esos bienes y servicios, a la vez que permite al mercado y a quienes participamos en él medir el valor de esos bienes y servicios. Además nos sirve para acumular la energía procedente de nuestro trabajo para liberarla de múltiples formas, ya sea mediante el consumo de esos bienes y servicios o en inversiones que proporcionarán otros bienes y servicios. Y sirve para tal cosa si la moneda supone una forma de dinero fiable -las impresiones monetarias de los keynesianos son el origen de la desconfianza general en las monedas de curso legal forzoso-. Pero, sea como sea, la moneda no es la riqueza en sí mismo. Aumentar su cantidad sólo provoca una reducción de la deuda mediante proceso de suspensión de pagos encubierto y, por lo tanto, de forma fraudulenta y a la larga, un cambio de la escala que provocará el alza de los precios -el alza de precios llegará en el momento en que se ha liquidado la cantidad suficiente de deuda y como consecuencia del aumento de la masa monetaria-.

Los problemas de Japón y el resto de Occidente radican en una falta de productividad que permita hacer frente a los niveles de deuda y devolver niveles de consumo previos a la crisis. El consumo es la consecuencia de la producción de bienes y servicios y no un objetivo en sí mismo como pretenden los keynesianos. Si no se mejora la producción diversificada de bienes y servicios, tanto en la calidad como variedad de los productos, como en localización de producción de esos bienes y servicios y las personas que las producen, no pueden mejorar los niveles de consumo. De nada sirve que un país como Alemania produzca mucho si sus potenciales compradores no producen lo suficiente como para poder intercambiar lo que producen los alemanes por otros productos producidos en otros sitios. De ahí que la productividad se tenga que levantar de forma simultánea en muchos sitios para poder volver a consumir de forma sostenible. El aumento de bienes y servicios es lo que manifiesta un aumento de la riqueza y no la cantidad de billetes que utilizamos para representar, intercambiar-consumir-, acumular el derecho a disfrutar de esos bienes y servicios -ahorrar-, o liberar nuestros niveles de energía con la intención de crear más bienes y servicios -invertir-. Claro, antes habrá que devolver la deuda, que en Japón es brutal. Y conforme aumenta en Europa y EEUU, la cosa no mejora sino que empeora, como se está demostrando conforme avanza el tiempo y se publican los datos. Luego, tras el ciclo expansivo del crédito provocado por las políticas keynesianas sólo viene la recesión, que se hace necesaria bien para devolver todo ese crédito o bien para suspender pagos. Las consecuencias económicas de ambas circunstancias es lo que estamos viviendo sin que el keynesianismo haya podido encontrar una fórmula para evitarlo. Es decir, que supieron extender el virus pero ahora no saben como curar la enfermedad provocada por semejante virus.

Pero la realidad no importa. Al keynesianismo, como sucedáneo económico del marxismo, la realidad le pilla de refilón. Ellos siguen enfrascados en sus ciclos de endeudamiento desorbitado-suspensión de pagos mediante depreciaciones monetarias e impresión masiva de billetes, todo ello provocado y dirigidos desde el Estado. Esos ciclos no incrementan los niveles de riqueza. En realidad la dificultan y si el Estado dejase de provocar estos ciclos, que no son naturales, la riqueza aumentaría de una forma más regular y sostenible. España demuestra que la caída tras los ciclos de endeudamiento cada vez resulta más aguda y más traumática: la del año 93 provocó unos niveles de desempleo del 23,5 %; esta ha alcanzado el 26 %; la siguiente caída en picado del ciclo, con el pinchazo del burbujón de la deuda pública provocado en estos tres últimos años, superará los niveles de desempleo del final de los dos ciclos anteriores. Lo peor será que este ciclo de endeudamiento público más reciente no habrá tenido beneficios apreciables para la economía real, mientras el pinchazo se notará con más intensidad que los pinchazos anteriores. A lo mejor así la gente empieza a comprender el grado de criminalidad de las teorías keynesianas y sus "experimentos" con humanos. O a lo mejor, ni por esas.

Jaime Alejandro Martínez

martes, 13 de mayo de 2014

El marketing que mejores dividendos genera

Expositores de cartón. Ejemplo de agilidad y bajo coste
En los principios de la economía, que es como decir en los principios del mundo, todo estaba orientado al autoconsumo y el intercambio de bienes y servicios daba destino a una porción ínfima de la riqueza. Con el tiempo, y sobre todo con la mecanización y estructuración de la economía, el autoconsumo fue quedando relegado hasta que, en el momento actual, más de un noventa y cinco por ciento de todo lo que se produce se destina al intercambio comercial.

Este cambio de orientación ha tenido importantes consecuencias en la manera de plantear una empresa: ya no se trata de producir más, porque todo está vendido de antemano (antigua orientación al producto), sino de producir más barato y de diseñar estrategias de mercado que permitan comercializar lo que se produce.

Y ahí es donde surgen las estrategias de márketing, que desvinculan el precio del producto de otras variables como su coste o incluso su calidad.

Lo importante, a día de hoy, es ser capaz de llegar a los clientes potenciales, lo más rápidamente posible, con el mayor impacto, y al menor coste.

En este tipo de estrategia se enmarcan, por ejemplo, los expositores de cartón que tienen la doble función e mostrar el producto y servir de soporte publicitario paras el mensaje que se quiera unir a él. Pueden verse distintos ejemplos en www.expositoresdecarton.net 

Un expositor de cartón necesita un almacenaje mínimo, es ligero, fácil de montar, muy fácil de imprimir o estampar, y tiene un coste escandalosamente más bajo que otras alternativas de similar funcionalidad.

¿Por qué lo ponemos de ejemplo? Porque ese es el concepto al que debe dirigirse cualquier acción en una economía orientada al mercado: simplicidad, sencillez, asequibilidad y, ante todo, flexibilidad.

Las viejas empresas basadas en grandes infraestructuras o grandes inversiones, con un periodo prolongado de amortización de costes, son sólo monstruos enormes destinados a desaparecer al primer impacto.

La economía orientada al mercado exige capacidad de adaptación. Si las circunstancias pueden cambiar muy rápidamente y nosotros estamos atados a un inmovilizado pesado y costoso, difícilmente podremos enfrentar la competencia.


lunes, 17 de febrero de 2014

¿Existen franquicias rentables o es mejor comenzar un negocio desde cero?

http://www.bodegasmezquita.com/franquicias-rentables-hosteleria/
Esto es franqueo, no franquicia... (no hago vida del becario, oigan)  :-) 

Casi todos sabemos hacer un yogurt. La receta no es nada complicada, no se requieren grandes medios y la materia prima es muy fácil de encontrar. ¿Entonces cual es nuestro principal problema para abrir una fábrica de yogures? Que no nos llamamos Danone.
Si estás pensando en crear tu propia empresa o comenzar en tu propio negocio y tienes ese mismo problema, quizá deberías a pensar en la posibilidad de buscar una franquicia rentable.
 Pero antes de ponerte a ello, es imprescindible que reflexiones sobre el tipo de negocio, la necesidad de independencia a la hora de desarrollar tus propias ideas y la importancia que crees que tendrá contar con una marca conocida durante los primeros tiempos. Lo explico un poco más detenidamente:
Una franquicia tiene la enorme ventaja de que te permite contar, desde el primer día, con una marca conocida que tiene ya sus propios clientes. Hay gente, por todo el mundo, que cuando llega a una ciudad desconocida busca un McDonalds para comer, porque sabe de antemano lo que va a encontrar y no le gustan las sorpresas. La marca del franquiciante es tu bandera y empiezas desde la primera tarde con una bandera que te identifica y te convierte en conocido incluso para los que no te conocen de nada. ¡Y eso vale mucho! Esa es, creo yo, la clave de una franquicia rentable.
Además, la franquicia te quita de la cabeza algunos de los problemas más complicados cuando se empieza un negocio: la búsqueda de proveedores, la negociación de condiciones y todo ese montón de preocupaciones a las que antes se conocía con el nombre global de intendencia (y ahora se les llama por una palabra inglesa que no me voy a molestar en repetir).
Por último, los resultados de un negocio en franquicia son más o menos previsibles, aunque siempre puede haber sorpresas (positivas o negativas) por causas como la situación geográfica, competencia inesperada de un negocio tradicional bien posicionado, etc. Por ejemplo, y utilizando de nuevo a McDonalds como muestra, esta gran cadena tiene más dificultades para establecerse en algunas ciudades donde los bares dan muy buena tapa, y gratis, que en los lugares donde las tapas se cobran rigurosamente. Hay que vigilar esos detalles con cuidado.
Pero, por supuesto, también tienen su lado oscuro. En primer lugar, hay que saber que la franquicia está pensada por un tipo que vive lejos, que no conoce tu pueblo, que no conoce a tu gente y que cree, porque sí, que los gustos de todo el mundo son iguales en todas partes. Semejante punto de partida ya asusta un poco, ¿no?
Además, la franquicia es muy poco flexible con las cosas que se pueden hacer y las que no en su establecimiento. Fija catálogo de ventas, fija distribución del espacio, fija precios y a menudo hasta horarios de apertura, con un control muy férreo sobre lo que se hace y lo que no. Esto es genial si eres un novato que no sabe pro dónde anda, pero a lo mejor no lo es tanto si tienes ya cierta experiencia en el negocio…
La franquicia, por tanto, es para quien quiere meterse en un negocio, piensa que los experiementos se hacen con gaseosa pero no con dinero y quiere empezar desde el primer día a ganar dinero, sin riesgos sin ideas originales y sin comerse mucho la cabeza.

¿No ha bastado con esto? Normal. Prueba en este enlace: Franquicias ver más info