viernes, 6 de agosto de 2010

La estupidez encarece la vivienda

Seguir al rebañoPerdonen la brusquedad, pero creo que hay que decirlo: el precio de los pisos viene determinado pro una concentración geográfica de la demanda que no tiene nada que ver con las necesidades reales de la población, o al menos no con las necesidades perentorias que pdorían llevar a decisiones tan extremas.

 El que paga cincuenta millones por un piso, o sesenta, y se endeuda de por vida, a veces lo hace por necesidad ineludible, pero hay muchos, la mayoría, que se meten en semejante agujero porque les da la gana, o por su mala cabeza.

Quizás antes de meternos en una compra que se va a llevar una importante fundamenral de nuestros ingresos durante muchos años deberíamos sentarnos a pensar unas cuantas cosas con mucho tiento y sobre todo con mucho realismo.

Lo primero y más importante que debemos saber es quiénes somos, y dónde estamos. Lo normal es que no nos toque la primitiva. Lo normal es que no mejoren drásticamente nuestras condiciones laborales. Lo normal es pensar que nuestra viuda seguirá igual, o mejorará un poco, pero sin magia, milagros ni maravillas. Hay problemas que podemos solventar a corto plazo, pero surgirán otros con los que no hemos contado.

Y creedme: no es obligatorio vivir en una gran ciudad y no es obligatorio vivir en el centro. Esos dos detalles, bien analizados marcan la diferencia entre una vida desahogada y una vida arrastrada y llena de sobresaltos.

Hay profesiones que deben desarrollarse en Madrid capital, por ejemplo, y que exigen un despacho en Atocha. Vale. No voy a hablar de ellas. Se supone que si plantean semejantes exigencias también las retribuirán de manera proporcional.

La mayoría de las profesiones, sin embargo, no piden tanto. Si eres camarero, por decir algo, ¿qué diferencia hay para ti entre servir menús en Madrid y servirlos en Pontevedra? , ¿en qué se diferencia trabajar en un banco en Barcelona o en Ponferrada?, ¿qué te impide ser profesor de instituto en Écija en vez de en Sevilla?, ¿qué mas te da conducir los autobuses de Bilbao que los de Lugo?

Mientras no nos metamos en la cabeza que la vivienda en las grandes urbes es una trampa que nos atará de por vida no valoraremos de veras las posibilidades que ofrecen las localidades más peque as. No entro a discutir lo que a cada cual le guste más o le guste menos, pero el que quiera vivir en Madrid, que no se queje luego de lo que le cobren. Hay ubicaciones geográficas que son lujos, y los lujos son para los que se los pueden permitir. El que se los permita sin poder, que no se queje luego de las consecuencias.

Por el lado contrario, hay una opción extrema que he visto y que os cuento: conozco a alguien que, después de trabajar en Madrid diez años y vivir por un alquiler que era el 46 % de sus ingresos, decidió pedir traslado a una ciudad mediana del Norte. En un pueblo a treinta kilómetros, encontró una casa, y la arregló. Antes tardaba cincuenta minutos en llegar al trabajo y ahora tarda media hora los días malos y veinte minutos los normales. La casa le costó diez mil euros y otros veinte mil las reparaciones. Tiene una hipoteca de 115 € y le da la risa el Euríbor.

Eso sí: en su pueblo son nueve vecinos y por la noche no se oyen coches, lo que para algunos debe de ser muy duro. Él mismo se despertaba sobresaltado al principio por tanto silencio.

El colegio de los niños le queda más a mano que antes. Los lleva por la mañana cuando va a trabajar, y los trae cuando vuelve. Come fuera de casa, como antes, y los niños en el colegio, cono antes. Su mujer trabajaba en la cocina de un bar y trabajaba ahora en la cocina de un bar, porque también hay bares con cocina en las ciudades medianas y hasta en las pequeñas.

No tienen gente alrededor ni ambiente a todas horas, pero con la diferencia de costes, sobre todo el de la vivienda, os aseguro que viajan y ven más mundo que antes.

Esta opción existe. Lo que no es una opción es pagar lo que no puedes. Lo que noi es una opción es considerar constante lo que sólo es una variable.

No hay calefacción más costosa que el calor humano.

Seguir al rebaño es muy caro.

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