domingo, 20 de octubre de 2013

¿Y si Montoro y Botín tienen razón? Pues peor.


La economía moderna se basa en expectativas mas que en realidades. Para que todo se vaya al carajo, basta con que cunda el desánimo, y para que la economía se recupere, lo que más ayuda es que creamos que todo va a ir a mejor. Hasta ahí, todos de acuerdo, lo que convierte en razonables, y hasta en juiciosas, las últimas declaraciones de Montoro y Botín sobre lo rápido que va a mejorar la economía y sobre "la abundancia de dinero que llega para todo". Intentan poner su grano de arena, o su pedrusco, en el mundo de las expectativas, y ayudarnos a todos. Vale.

Pero el caso es que los que andamos por la calle, leemos las noticias sobre ERES y despidos, y sabemos los salarios que se pagan, pensamos que todo esto es un cachondeo, o en el mejor de los casos, un ejercicio de voluntarismo hipócrita, destinado a calmar a los votantes y a los accionistas. Y sin embargo, hay otra opción: ¿Y si Montoro y Botín tienen razón? ¿Y si es cierto que las cuentas están mejorando? ¿Y si es verdad que llega dinero de todas partes?
Pues entonces sería todavía, peor. Y dejadme que lo explique:

Si Montoro y Botín tienen razón, la economía se está recuperando al margen de la vida real y el nivel real de los ciudadanos, consumando el divorcio entre economía financiera y economía real. Si cada vez hay más agua pero cada vez pasamos más sed, algo pasa con las cañerías.

Si Montoro y Botín tienen razón, está llegando el dinero a paladas, pero nosotros no lo vemos, lo que significa que una parte ínfima del país se está quedando con todo, sin permitir que el crédito fluya hacia abajo.

Si la economía mejora pero los salarios no suben, y no se crea empleo, entonces hay que pensar que la economía ya no refleja ni las expectativas ni las ganancias, al menos las nuestras, porque un empeoramiento nos daña pero una mejoría no nos alivia. 

Si el dinero sobra, las empresas suben, pero las tiendas cierran y la gente no encuentra trabajo, hay que pensar que alguien se está quedando con todo el margen.
Si Montoro y Botín tienen razón, entonces ya no hay esperanza, porque ni siquiera la mejoría general alivia nuestra miseria.

O sea que, por bien de todos, ojalá sea mentira.

Más nos vale…

miércoles, 9 de octubre de 2013

Por qué a las empresas no les gustan los empleados mayores de treinta años.

Es algo que impresiona: con treinta y cinco años sigues siendo joven para algunas instituciones, pero demasiado viejo para las empresas. Además, cuando te quedas en paro a partir de cierta edad, ya empiezas a temer a los fantasmas del desempleo de larga duración porque sabes que las empresas no cogen a nadie a partir de los treinta y tantos.

¿Pero por qué?


-1- En primer lugar, porque los ejecutivos de algunas grandes empresas son muy jóvenes y temen que los empleados mayores que ellos cuestionen su autoridad. De hecho, según afirman a menudo los sociólogos y psicólogos de selección de personal, mucha gente se siente incómoda al recibir órdenes de personas de menor edad, y lo mismo le sucede al que da las órdenes, que se siente a menudo menospreciado pos los empleados más antiguos. Si el jefe es joven, los prefiere jóvenes.


-2- Por la impresión de que el empleado joven es más maleable, trae menos prejuicios y se adaptará con más facilidad y rapidez a la empresa. Esto puede ser cierto, pero supone un menosprecio intolerable a conceptos como experiencia y conocimientos adquiridos. Por triste que resulte pensarlo, a veces la idea real es que "para lo que en realidad tiene que saber, prefiero a uno que no sepa más de la cuenta". Tal cual lo escuché y tal cual lo cuento.


-3- Liderazgo. Los trabajadores de más edad suelen tener lo que en la sociología de empresa se llama el efecto voz, es decir, que tienen capacidad de liderazgo entre sus compañeros, especialmente a nivel informal. Esto se refleja en capacidad de aglutinar a la plantilla en caso de conflicto, con lo que la empresa prefiere mantenerlos lejos y sustituirlos por grupos juveniles a los que les cuesta mucho más encontrar un líder. Como ejemplo, recuerdo una empresa de programación en la que todos los analistas eran gente menor de treinta años, pero durante un conflicto con la empresa eligieron como representante al único programador que trabajaba aún en COBOL, o sea, un tipo de cincuenta y tantos años.


-4- Rigidez. La mayor edad es interpretada generalmente como mayor rigidez, tanto para los cambios como para aceptar órdenes que se consideran erróneas o contrarias a los intereses de los trabajadores o de la propia empresa. Cuando se quiso trocear una conocida empresa farmacéutica, los más jóvenes pidieron su liquidación y se fueron. Los de mayor edad se rebelaron y pusieron a los accionistas contra la gerencia.


En conclusión, las empresas no dicen toda la verdad cuando hablan de riesgo de bajas por salud o de obsolescencia en los conocimientos cuando se niegan a contrata a empleados de cierta edad. Algo de eso puede haber, por supuesto, pero la razones principales suelen ser otras.