lunes, 29 de septiembre de 2014

El IPC encadena tres meses en negativo y cae el 0,2 por ciento en septiembre

El Índice de Precios al Consumo ha encadenado su tercera caída consecutiva, con lo que los precios en España vuelven a caer, confirmando el estado de deflación al que nos encaminamos en los últimos tiempos.

La menor bajada sufrida en este mes de septiembre respecto a meses anteriores se explica, según el INE, por la estabilidad en los precios de los alimentos frente al descenso que sufrieron en el mismo periodo del año anterior.

En todo caso, ni la demanda interna ni los precios medios parecen despegar.

Como punto positivo, para el dato, que no para los ciudadanos, cabe computar el incremento del precio de la electricidad, que maquilla el dato, pero no ayuda tampoco a la recuperación económica, al encarecer el precio de la energía, uno de los componentes básicos de la producción de bienes y servicios. El encarecimiento de la energía puede mejorar el IPC, pero desde luego no mejora la competitividad ni incentiva la inversión, con lo que, si se descontara este efecto, la caída de precios sería aún mayor.

Las preocupaciones por la recuperación son, por tanto, algo más que simples sospechas, toda vez que el desempleo se mantiene en niveles de más del doble de la media europea.


jueves, 25 de septiembre de 2014

El oro como material inútil

El oro tiene algunas aplicaciones industriales y en ese sentido no se puede decir que sea completamente inútil, pero en su función de depósito de riqueza se apoya más en la superstición que en cualquier otra realidad.

Decía Herbert Marcuse que uno de los más graves problemas del capitalismo es el constante empleo de recursos humanos y materiales en la realización de actividades inútiles. Pues bien: una de ellas es la minería del oro.

¿Tiene acaso sentido sacar el oro del corazón de una montaña, a tres mil metros de profundidad, para fundirlo luego y encerrarlo, también de por vida, en la caja acorazada de un banco? Desde luego, es una terrible insensatez, y si tiene sentido a nivel económico, esto demuestra que lo que carece de lógica es el sistema económico.

El oro estaría mucho mejor en el corazón de esa montaña, y los recursos empleados en sacarlo (montones de energía, maquinaria y seres humanos) serían más productivos en cualquier otra cosa, máxime cuando el oro no es ya ni siquiera patrón monetario y cualquiera puede imprimir todo el dinero que quiera sin respaldo alguno del preciado material amarillo (una de las causas de que nos vaya como nos va, por cierto). Cuando el oro servía de patrón para el intercambio, podía ser interesante su extracción para respaldar la emisión de moneda, o para acuñarlo en sí mismo, pero una vez desaparecida esa función, el oro se ha convertido en un metal más que, poco a poco, ajustará su cotización a la utilidad que se le confiera.

La inversión en oro puede ser muy rentable (o no) pero no deja de ser caprichosa, una moda, un producto cultural, basado en la tradición de su valor, no en la importancia de su uso. Algunos lo han entendido y se están saliendo de este mercado, conduciendo al precio del oro a una larga trayectoria bajista, mientras buscan algún depósito de valor que realmente represente algún tipo de utilidad en tiempos de necesidad.

¿Cual puede ser el sustituto? De momento no lo sé, pero mucho me temo que, al paso que vamos, lleguen a ser las latas de sardinas y los paquetes de lentejas.