sábado, 1 de noviembre de 2014

España y los nombramientos


Hay ciertas cosas que es mejor contarlas con una anécdota, sobre todo si se quiere evitar decir palabras gruesas o regresar al manido camino de que todo es una mierda. Además, las anécdotas históricas nos ayudan a constatar que algunos problemas vienen de lejos.
 Cuenta Echegaray en el tomo tercero de sus Recuerdos, que en una ocasión vio representar en un teatro de segundo o tercer orden, una comedia de cuyo protagonista estaba encargado el célebre Maria­no Fernández. La comedia gustó, y, entre grandes aplausos, llamaron al autor. Mariano Fernández se pre­sentó en escena y dijo, según la fórmula consagrada:

— La obra que hemos tenido el honor de representar es originar de don Fulano de Tal.

Y el público vociferó:

— i Que salga, que salga!

Pero claro, el autor no estaba allí y el actor manifestó que don Fu­lano de Tal no se encontraba en el teatro. Pero como el público insistía en que había de salir, aunque no estuviese, Mariano Fernández, con el desahogo que le era propio y que tan bien le sentaba como actor, se adelantó y dijo:

— Don Fulano de Tal, que es el autor de la obra, ya he dicho que no está en el teatro; pero está don Mengano, que es muy amigo suyo: si el público quiere, podrá salir.

Y el público, a una voz, gritó:

¡Que salga el amigo!

Y a la fuerza sacaron al amigo, y el público le tributó una inmensa ovación.

Trae Echegaray a colación esta anécdota, asegurando que es abso­lutamente verídica, a propósito de su nombramiento para la dirección general de Agricultura: “yo no tenia méritos para ello, ni sabía una palabra de Agricultura, pero el que tenñía méritos y era un gran entendido en la materia era mi padre, así que por derechos de primogenitura entendieron que bien podía ser yo director del Ramo”.

Tócate los...

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